No tienes que hacer de psicólogo contigo mismo antes de venir al psicólogo.
Puedes venir sabiendo exactamente qué te pasa. O solo sabiendo que así no quieres seguir. Con eso basta para empezar. Entender qué está pasando también forma parte del trabajo.
La ansiedad rara vez entra en casa diciendo: «hola, soy ansiedad».
Suele parecerse más a releer un mensaje, decir que sí cuando querías decir que no o convertir un domingo libre en otra jornada de trabajo.
Puede que te hayas reconocido en alguna escena. Puede que no.
No necesito que tu problema se parezca a un ejemplo de mi web. Necesito entender cómo se parece a tu vida.
A veces el problema no es exactamente el que parece.
Lo primero que intentas arreglar no siempre es lo que más te está atrapando.
“Necesito dejar de darle vueltas.”
Repasas la conversación, buscas otra explicación y vuelves a comprobar. Cada vuelta promete cerrar el tema. Y deja una duda nueva.
“Tengo que controlar mejor mi ansiedad.”
Cancelas, buscas una salida o evitas “por si acaso”. La ansiedad baja. Y tu cabeza aprende algo muy rápido: escapar funciona.
“Tengo que saber cuál es la decisión correcta.”
Haces listas, preguntas y vuelves a comparar. Tal vez no te falte información. Tal vez buscas una decisión sin riesgo.
“Tengo que entender por qué soy así.”
Entender de dónde viene algo puede ayudar. Pero saber por qué haces algo no siempre cambia lo que haces cuando vuelve a pasar.
Son ejemplos, no respuestas. En terapia veremos qué está pasando en tu caso y qué merece la pena tocar primero.
En sesión me vas a ver hacer bastante esto.
No todo va de cambiar. A veces primero toca entender, ordenar o sostener algo que duele. Cuando haya algo que mover, quiero que sepamos para qué.
No todo necesita una solución inmediata.
A veces lo mejor que puedo hacer es callarme y dejarte terminar. Puedes contarme algo de lo que no estés orgulloso: no necesito aprobarlo para intentar entenderlo.
Porque lo que haces después también importa.
Si me dices “me pongo fatal cuando tarda en responder”, te preguntaré qué haces después: mirar el móvil, releer, escribir otra vez… Ahí suelen aparecer pistas importantes.
Con cuidado, pero claro.
Validarte no es darte siempre la razón. Puedo entender perfectamente por qué reaccionaste así y, a la vez, ayudarte a mirar si esa reacción te está ayudando.
Quiero que sepas para qué hacemos algo.
Si te propongo poner un límite, dejar de comprobar o acercarte a algo que da miedo, quiero que entiendas para qué. No voy a usar una técnica porque “toca”.
Algunas respuestas aparecen fuera de sesión.
Podemos entender mucho aquí. Pero hay cosas que solo sabremos cuando vuelva la situación real y pruebes algo diferente.
Un buen vínculo no es estar siempre de acuerdo. Es poder hablar claro sin sentirte juzgado.
No todo tiene que cambiar hoy. Pero sí quiero saber para qué estamos hablando de ello.
No necesito encajarte en un método. Necesito entender qué te está pasando a ti.
Soy Luis David Morón Abanto, Psicólogo General Sanitario, colegiado M-38157.
Trabajo de forma integradora: TCC, ACT, sistémica, terapia breve y EMDR son herramientas, no banderas. Durante dos años también hice mi propio proceso terapéutico. Estar al otro lado de la silla influyó en cómo escucho y en lo poco que me interesa insistir con algo solo porque “debería funcionar”.
Ver formación principal
Grado en Psicología · Universidad Complutense de Madrid
Máster en Psicología General Sanitaria
Análisis Funcional I y II · ITEMA
EMDR Nivel I · IMAYA
Formación complementaria en trauma y habilidades terapéuticas.
Cada semana reviso mi trabajo con una psicóloga con más experiencia clínica para detectar puntos ciegos, cuestionar mis explicaciones y afinar criterio, compartiendo solo lo clínicamente necesario y respetando la confidencialidad.
Una parte de mi trabajo es que cada vez necesites menos de mí.
No significa acabar deprisa. Significa que puedas reconocer antes qué te ocurre, usar lo trabajado con criterio propio y, si llega un momento en que seguir viniendo ya no aporta, poder decirlo.
Antes de decirte con quién encajo, prefiero decirte con quién probablemente no.
No hay pacientes “buenos” y “malos”. Sí formas de trabajar que encajan mejor o peor.
Probablemente no encajaremos si…
- Hablar de tu semana puede ser importante. Lo que no quiero es que cada sesión empiece de cero sin conectar lo que hablamos con lo que queremos conseguir.
- Quieres que yo decida por ti si debes dejar una relación, cambiar de trabajo o perdonar a alguien.
- Te molestaría que, después de escucharte, te diga: «creo que aquí hay algo que no estamos queriendo mirar».
Es más probable que trabajemos bien juntos si…
- Hay una parte de ti que dice: «no quiero seguir haciendo exactamente lo mismo».
- Puedes contarme que no hiciste lo que habíamos hablado. Me interesa más entender por qué que echarte la bronca.
- Puedes decirme «esto no me ha servido» sin preocuparte por ofenderme.
60 €. Prefiero que lo sepas antes de decidir si te interesa.
55 minutos. Online. No voy a llamarlo “una inversión en ti” ni a convencerte de que es barato. Prefiero que tengas la información y decidas.
Preguntas que probablemente te estés haciendo.
¿Y si tengo una duda antes de reservar?
Escríbeme. Si con un mensaje basta, perfecto. Si tiene más sentido hablar unos 15 minutos para aclararla, podemos hacerlo sin coste. No es una mini sesión de terapia.
¿Cuánto voy a tardar en estar mejor?
No lo sé antes de conocerte. Si te prometiera un número concreto de sesiones, tendría más de vendedor que de psicólogo. Mi intención es no alargar lo que no necesita alargarse.
¿Vamos a hablar de mi infancia?
Depende. Sí, ya sé: la palabra favorita del psicólogo. No necesitamos llevar todo a la infancia para que tenga sentido. Miraremos atrás si es necesario y nos ayuda a entender mejor lo que ocurre ahora.
¿Voy a tener tareas?
Puede ser. No por mandar deberes. Si te propongo probar algo fuera de sesión, quiero que sepamos para qué.
Si tienes una duda, pregúntame. Si quieres empezar, te digo disponibilidad.
Escríbeme para preguntar por disponibilidad o resolver una duda concreta antes de empezar.